Dónde vive la duda, y cómo aflojar su agarre
La duda no es enemiga de la fe. Es un hábito, aprendido, almacenado en el cuerpo, y disuelto de la misma forma en que fue construido. Lentamente. Suavemente. Sin combate.
Tratar de pelear con la duda es una trampa. Discútele y crece. Reprímela y emerge en los sueños. La única forma de atravesar la duda es rodearla.
¿Cuál es la forma de rodearla? Pequeños actos de confianza, sin discusión. No tienes que creer toda la enseñanza hoy. No tienes que convencer a tu mente escéptica. Solo tienes que tomar una pequeña acción como si el nuevo estado fuera real, y dejar que el cuerpo aprenda lo que la mente aún no puede aceptar.
No saldrás de la duda discutiendo. Saldrás viviendo, un pequeño acto de confianza a la vez, hasta que el cuerpo olvide que dudó alguna vez.
Paga por algo con la calma interior de quien tiene de sobra, aunque tu cuenta diga lo contrario. Entra a una habitación con la postura interior de quien es bienvenido, aunque temas no serlo. Come una comida con la lenta gratitud de quien tiene sus necesidades cubiertas, aunque tu día haya estado lleno de estrés.
Estas pequeñas representaciones se acumulan. Cada una le dice al cuerpo que el nuevo estado es seguro de habitar. La duda no puede sobrevivir en un cuerpo que ya no la está ensayando.
Hoy, haz una cosa en la realidad física que confirme lo que tu trabajo interior ha estado afirmando. No la anuncies. No la escribas en el diario. Solo hazla. La duda perderá su agarre sin saber jamás qué pasó. Con Amor,
Dra. Athena ❤️