Sostener el deseo sin apretarlo
El deseo es un pequeño pájaro en tu palma. Sostenlo muy suelto y vuela. Sostenlo muy fuerte y muere. Hoy aprendes el tercer camino.
Ahora viene la pieza más difícil. Soltar sin soltar.
Neville lo llamó desapego. No es el desapego frío de quien dejó de importarle. Es el desapego cálido de quien ha decidido. El deseo se sostiene, pero con suavidad. Se ama, pero no se agarra. La razón por la que el deseo se sostiene con suavidad es que el trabajo interior ya está completo. Apretarlo no agrega nada. Sostenerlo con más cuidado no cambia nada. El trabajo está hecho. Ahora el mundo se pone al día.
El desapego no es indiferencia. Es la certeza calma que permite que el deseo venga en su propio tiempo, por su propio camino, en su propia forma.
La mayoría de los fracasos en esta práctica suceden no en el imaginar sino en el después. El estudiante imagina, siente el estado cumplido, e inmediatamente comienza a revisar. ¿Está viniendo? ¿Lo hice bien? ¿Debería imaginar de nuevo? Tal vez un sentir más fuerte. Tal vez una sesión más larga. Tal vez debería ver la línea de tiempo.
Cada revisión es una confesión de lo opuesto. Cada revisión le dice al ser interior que el trabajo no estaba realmente terminado.
Hoy, después de tu práctica, aléjate. No la anotes. No la analices. No vuelvas a ella en el fondo de la mente cada diez minutos. La semilla está en la tierra. Tus manos no necesitan estar en el suelo.
El deseo que puedes soltar es el deseo que ya está en camino. Con Amor,
Dra. Athena ❤️