Serie Clásica

Conozco a Mi Padre

by Neville Goddard
Gnostic Library
1960
Un libro de Neville Goddard

Conozco a Mi Padre

1960

Una obra tardía y contemplativa. Neville describe la segunda mitad de la enseñanza, la experiencia mística de reconocer al Padre interior, con las cuatro visiones místicas que reclamó como propias expuestas con sencillez. La voz está más cerca de la Escritura que de un manual, y el lector se siente interpelado directamente.

About Conozco a Mi Padre

Conozco a Mi Padre reúne diez capítulos en los que Neville lleva al lector de la ley a la promesa. Parte de la única verdad que todos los hombres comparten, el saber "YO SOY", y la identifica como el Padre, la conciencia sin forma que da forma a todo aquello de lo que es consciente de ser.

A través de las grandes imágenes de las Escrituras (la espada, la piedra fundamental, la circuncisión, la crucifixión y resurrección, Getsemaní), Neville muestra que toda historia sagrada es un drama psicológico que ocurre dentro de la conciencia del hombre, y que cambiar el mundo comienza por cambiar el concepto de uno mismo.

Es un libro para leer cuando la ley ya se ha practicado y comprendido. Su tono es devocional y directo: prepara al lector para la experiencia mística del Padre que sus obras posteriores describen.

Conozco a Mi Padre

“Mi Padre es aquel a quien los hombres llaman Dios, pero yo conozco a mi Padre, y los hombres no conocen a su Dios.” Mi Padre y tu Padre son Uno. “Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.” “Yo y mi Padre uno somos.”

Neville Goddard, 1960

Capítulo Uno: YO SOY

“Mi Padre es aquel a quien los hombres llaman Dios, pero yo conozco a mi Padre, y los hombres no conocen a su Dios.” Mi Padre y tu Padre son Uno. “Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.” “Yo y mi Padre uno somos.”

Un solo Padre nos hizo a todos para vivir, movernos y tener nuestro ser en Él, el Uno. ¿Quién es, entonces, este UNO que tenemos en común? La única y sola cosa que todos los hombres tienen en común es esta: todos los hombres saben que son. Este reclamo de que somos, esta conciencia, es nuestro Padre. No hay lugar al que el hombre pueda ir y no saber que es. “Si tomo las alas del alba y vuelo a las partes más remotas de la tierra, allí estás tú”, sé que YO SOY.

“Si hago mi lecho en el Infierno”, sé que YO SOY. Si sufriera de amnesia y olvidara por completo mi identidad humana, aún sabría que YO SOY. Es imposible para el hombre saber que no es. Puedes decir “YO no SOY eso”, pero no puedes decir “YO no SOY”, pues tu mismo saber es una declaración de que eres.

Así que, ya sea que reclames ser o no ser, en realidad estás reclamando que eres. Así, el hombre está siempre diciendo YO SOY. Este saber que somos, esta conciencia, es Dios el Padre. En el momento en que esta conciencia incondicionada se condiciona al reclamarse ser esto, aquello o lo otro, una diferenciación tiene lugar dentro de esta conciencia sin forma, y nuestro Padre impersonal (nuestro yo real) se personifica como aquello que nos hemos concebido ser. Esta presencia impersonal que somos puede compararse al espacio, pues el espacio, aunque sin forma, da forma a todo. Si el espacio sin forma fuera extraído del libro que lees, del cuerpo que llevas, de la tierra sobre la que estás, todo se desvanecería.

La conciencia, aunque sin forma, da forma a aquello de lo que es consciente de ser, pero en el momento en que retiras tu realidad sin forma o conciencia de tu concepción de ti mismo (la forma que llevas), esta concepción pasa. Una concepción permanece como realidad formada solo mientras la realidad invisible la lleva puesta.

“Mi Padre es Espíritu (sin forma), y los que lo adoran deben adorarlo en Espíritu y en Verdad.” “Yo y mi Padre uno somos.” Mi conciencia de ser es el Padre sin forma que da forma a aquello de lo que soy consciente de ser, y al hacerlo pierde su presencia sin forma y sin nombre en la forma y naturaleza de su concepción de sí mismo.

Así como el agua pierde su identidad al mezclarse con las cosas y, sin embargo, permanece sin mancha cuando se extrae mediante la destilación, así la conciencia, la no-cosa, se pierde en las cosas, en sus concepciones de sí misma, y permanece su yo inmaculado mediante la destilación espiritual. Eres espiritualmente destilado o extraído de tu concepción de ti mismo cuando dejas de identificarte con ella.

Ahora que has hallado que este es tu Padre, el Eterno Ahora, YO SOY, no regreses al estado del pródigo a mendigar las migajas de la vida. Recuerda a tu Padre, el AHORA, la única realidad. Reclama ahora, en este momento, ser aquello que deseas ser y, sin importar cuál sea tu reclamo, tu Padre, la conciencia que es Ahora, te lo dará al volverse la cosa reclamada; pero debes pedírselo de esta manera.

Sé consciente de ser aquello que pides. Ya no busques a tu Padre en el tiempo y el espacio, pues tu Padre es la conciencia que es ahora. “Yo y mi Padre uno somos, pero mi Padre mayor es que yo.” Mi conciencia y aquello de lo que soy consciente de ser son uno, pero YO SOY mayor que aquello de lo que soy consciente de ser. El concebidor será siempre mayor que su concepción. El Padre (la conciencia) es mayor que su HIJO (la concepción de sí mismo).

Ahora tus ojos están abiertos. Tu Padre, Dios Todopoderoso, te ha sido revelado como tu conciencia de ser.

Tu Padre es la conciencia que es ahora.

Capítulo Dos: VENGO CON ESPADA

Antes de que puedas entrar en aquella paz que sobrepasa todo entendimiento, primero debes ser muerto de todas las ilusiones que ahora te esclavizan, las ilusiones de las divisiones.

Si estás identificado con la raza, el credo o el color, y oyes que aquello con lo que estás identificado es criticado y condenado, serás automáticamente herido por tal crítica. Cada apego es un barrote en tu prisión autocreada. Tu única escapatoria reside en el no apego. Debes dejar todo y seguirme. En Cristo no hay ni griego ni judío, ni esclavo ni libre.

Tus presentes apegos están arraigados en ti a causa de tu presente concepción de ti mismo. Tu concepción de ti mismo es la vara de medir con la que mides el mundo. Todas las cosas se juzgan en relación con tu presente concepción de ti mismo. La concepción que cada hombre tiene de sí mismo es una nota vibrante en la Sinfonía Cósmica, nota que automáticamente determina el valor de todas las notas en relación consigo misma.

Cambia tu concepción de ti mismo. Revalúate, y cambiarás automáticamente tu mundo. El hombre siempre ha jugado el juego perdedor al intentar cambiar su mundo, mientras él mismo permanece con sus presentes valores o concepciones de sí mismo. Jesús descubrió esta ley. Así que, en lugar de cambiar a los hombres, se cambió a sí mismo. Dijo: “Y ahora me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.” Halló que él era la verdad de todo lo que veía que su mundo era.

La verdad es la espada que mata todo menos a sí misma, y YO SOY (tu conciencia) es la verdad. Por lo tanto, estar identificado con cualquier cosa que no sea el ser es estar esclavizado, o limitado por aquello con lo que estás identificado. Eternamente objetivas aquello de lo que eres consciente de ser, así que siempre te mueves en un mundo que es la perfecta personificación de aquello que te sabes ser.

“Para los puros, todas las cosas son puras.” Este es un gran obstáculo para quienes constantemente condenan el mundo. “Por lo tanto, no hay condenación para los que están en Cristo Jesús.” Se registra que las multitudes dejaron a Jesús cuando reveló el funcionamiento de la ley en estas palabras: “Ningún hombre viene a mí si el Padre que está en mí no lo trae.” Y: “Yo y mi Padre uno somos.”

No podían creer que ellos eran la causa de todo lo que veían que su mundo era. Después de miles de años, sigue siendo la gran piedra de tropiezo para todos los que ven el mundo como algo que ha de cambiarse por fuera.

Tú y tu concepción de ti mismo sois uno. Tu concepción de ti mismo es la imagen que has hecho de tu Padre. Esta imagen modela tu mundo a tu semejanza, sea buena, mala o indiferente. Tu Padre es tu conciencia, que te limita a aquello de lo que eres consciente de ser. Si quieres cambiar tu mundo, hazlo en verdad, sabiéndote ser todo lo que ves que el mundo es. No eres lo que eres a causa de algo en el mundo; al contrario, el mundo es lo que es a causa de lo que tú eres; siendo el QUÉ la medida o el valor que has puesto sobre ti mismo.

En resumen, tu concepción de ti mismo es el molde que el concebidor (tu verdadero Ser) usa para poblar tu mundo. Comienza a transformar el mundo reclamando ser aquello que deseas ver expresado en el mundo. Sigue el ejemplo de Jesús, que se hizo uno con Dios, y no halló extraño ni usurpación hacer la obra de Dios.

La libertad no se gana con el sudor de la frente. Deja de luchar con el mundo; es solo un reflector. Jacob fue liberado solo cuando soltó aquello con lo que luchaba. Asimismo, tú serás libre solo cuando sigas su ejemplo y sueltes tu problema al no identificarte con él. Pues aquello que es atado en el cielo (la conciencia) es atado en la tierra, y aquello que es desatado en el Cielo es desatado en la tierra. “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” “YO SOY la verdad.” Así que, en realidad, conocerte a ti, el condicionado, es ser libre de aquello que en tu ceguera creíste ser. Deja todo y simplemente sé YO.

Deja de luchar con el mundo; es solo un reflector.

Capítulo Tres: LA PIEDRA FUNDAMENTAL

“Buscad el Reino de los Cielos y todas las cosas os serán añadidas.” Halla la causa de las cosas y habrás hallado el secreto de la creación. Has oído decir que “En el principio creó Dios el cielo y la tierra”, que “todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho.” Nadie cuestiona la verdad de esta afirmación, pero lo que uno sí quiere saber es: “¿Quién es Dios y dónde está Dios?” En respuesta al quién, se te dice: “YO SOY Dios, YO SOY el Señor, YO SOY me ha enviado (al hombre Moisés) a vosotros.”

En cuanto a la ubicación de Dios, se te dice: “El Reino de Dios está dentro de vosotros.” Estas dos respuestas identifican a Dios como tu conciencia de ser y lo ubican donde tú eres consciente de ser. Ser consciente de ser es declarar silenciosamente: “YO SOY.” Mientras lees esta página, eres consciente de ser. Esta conciencia, esta conciencia de ser, es Dios el creador. La conciencia es aquella profundidad sin forma en la que todas las cosas viven, se mueven y tienen su ser, y aparte de la cual las cosas no tienen realidad. Este es el secreto de la afirmación: “Antes de que Abraham fuese, YO SOY; antes de que el mundo fuese, YO SOY; y cuando todas las cosas dejen de ser, YO SOY.”

La conciencia de ser precede a todas las concepciones de sí misma y permanece como su yo sin forma cuando todas sus concepciones dejan de ser. El creador debe preceder a la creación, como el concebidor precede a sus concepciones. La creación comienza y termina en el Creador. La conciencia es el secreto de toda manifestación. Toda creación pasa por tres etapas en su despliegue: concepción, crucifixión y resurrección. Las ideas, los deseos, las ambiciones, son todos concepciones que se mueven dentro del ser inmóvil, YO SOY. La conciencia es Padre, y todas las concepciones de sí misma son hijos que dan testimonio de su Padre. Por lo tanto, “Yo y mi Padre uno somos, pero mi Padre mayor es que yo”; el concebidor y la concepción son uno, pero el concebidor es mayor que su concepción.

La conciencia es incondicionada. Ser consciente de ser algo o alguien es condicionar lo incondicionado. Aquello que es definido es menos que el definidor. La conciencia de ser es el Dios Todopoderoso, el Padre Eterno, sobre cuyos hombros está el gobierno del mundo. La conciencia sostiene y dirige todas las cosas de las que es consciente de ser. La conciencia de ser es el vientre eterno que se impregna a sí mismo por medio del deseo. Ser consciente de un impulso o deseo es haber concebido.

Creer, sintiéndote a ti mismo (el Sin Forma) ser la cosa deseada, es ser crucificado sobre la forma de la cosa sentida. Continuar en la creencia, sintiendo que ahora eres la cosa deseada hasta que todas las dudas cesen y nazca una profunda convicción de que es así, es ser resucitado o elevado visiblemente a expresar la naturaleza de la cosa sentida.

En este mismísimo momento estás resucitando o expresando aquello de lo que eres consciente de ser. “YO SOY la resurrección y la vida.” YO SOY ahora representando hacia afuera en el mundo a mi alrededor, como una realidad viviente, aquello que ahora soy consciente de que SOY, y continuaré haciéndolo hasta que cambie mi concepción de mí mismo. Así que tu respuesta en la conciencia a la eterna pregunta, QUIÉN SOY YO, determinará tu mundo y cada una de sus expresiones.

Comienza ahora a darte cuenta de que YO SOY es el Señor Dios Todopoderoso, y fuera de MÍ (tu conciencia) no hay otro Dios. No yo, Fulano de Tal, soy Dios, sino YO SOY, la conciencia de ser, es Dios. Fulano de Tal es solo su presente limitación o concepción de sí mismo. Yo soy lo ilimitado expresándose a través de la concepción limitada de mí mismo. Para cambiar la expresión, cambia la concepción de ti mismo, pero hazlo en verdad, no en palabras.

Es decir, aparta tu atención por completo de tu presente limitación y posala sobre la nueva concepción, hasta que la conciencia, tu verdadero ser, se pierda en la creencia o convicción de que YO SOY EL QUE SOY. Esta es la nueva vestidura o renacimiento de tu yo sin forma y sin nombre. Tu verdadero yo es un yo que ningún hombre ve, y que no se ve a sí mismo, sino que solo ve su concepción de sí mismo. En el principio, ahora, en este momento, la idea o deseo nada en tu conciencia buscando encarnación.

Antes de que el deseo pueda realizarse o resucitar, primero debe volverse una cruz o punto fijo sobre el cual la conciencia es clavada. La conciencia es la única realidad viviente, el único poder que resucita. Así que, para dar vida a mi deseo, debo en la conciencia volverme consciente de ser la cosa deseada. “Haya un firmamento en medio de las aguas.” En medio de las aguas o conciencia sin forma, haya una firmeza o convicción de que YO SOY la cosa deseada.

Continúa de pie sobre esta convicción o cruz, y de maneras desconocidas para ti como hombre, realizarás o resucitarás tu deseo. La vida o conciencia tiene caminos que el hombre (la concepción) no conoce; sus caminos son inescrutables. La presente concepción de la vida de sí misma como hombre es una máscara que lleva. Dentro de este ser que crees ser está tu yo sin nombre, YO SOY.

El fundamento de toda expresión es la conciencia, y ningún hombre puede poner otro fundamento. Por más que el hombre lo intente, no puede hallar otra causa de la manifestación que Dios, su conciencia de ser. El hombre cree haber hallado la causa de la enfermedad en los gérmenes; la causa de la guerra en ideologías políticas en conflicto y en la codicia. Todos esos descubrimientos del hombre, catalogados como la esencia de la sabiduría, son locura a los ojos de Dios. Solo hay un poder, y este poder es Dios (la conciencia). Mata, da vida, hiere, sana, hace todas las cosas, buenas, malas o indiferentes.

Un prisionero debe tener un carcelero; un esclavo, un amo. Una nación que se siente encarcelada creará automáticamente un dictador. No podrías borrar a un tirano destruyéndolo, como tampoco a tu reflejo destruyendo el espejo. La conciencia de una nación produce sus líderes. Lo que es cierto de una nación es cierto de un individuo, pues las naciones están hechas de individuos. El hombre se mueve en un mundo que no es más ni menos que su conciencia objetivada. No sabiendo esto, hace la guerra contra sus reflejos mientras mantiene viva la luz y las imágenes que arrojan los reflejos. “YO SOY la luz del mundo.” YO SOY (la conciencia) es la luz. Aquello de lo que soy consciente de ser (mi concepción de mí mismo), como “soy rico, soy sano, soy libre”, son las imágenes.

El mundo es el espejo que magnifica todo aquello de lo que SOY consciente de ser. Deja de tratar de cambiar el mundo; es solo un espejo que te dice quién eres.

El hombre que es consciente de ser libre o estar preso expresa aquello de lo que es consciente de ser. No me importa cómo hayan diagnosticado los hombres tu problema. Un problema podría tener una historia de siglos y, sin embargo, sé que se desvanecerá en un abrir y cerrar de ojos si sigues fielmente esta instrucción.

Hazte esta sencilla pregunta: ¿Cómo me sentiría si fuera libre? En el momento mismo en que hagas sinceramente esta pregunta, viene la respuesta. Ningún hombre puede decir a otro cómo se sentiría ese otro si su deseo se realizara de pronto. Pero cada uno sabría cómo se sentiría él mismo, pues tal sentimiento sería automático.

El sentimiento o estremecimiento que viene a uno en respuesta a su propio cuestionamiento es el estado de conciencia Padre, o Piedra Fundamental, de la cual vendrá la cosa sentida. Nadie sabe cómo se encarnará este sentimiento, pero lo hará, pues el Padre (la conciencia) tiene caminos que ningún hombre conoce.

Haz natural el nuevo sentimiento llevándolo puesto. Todas las cosas expresan su naturaleza, así que debes llevar puesto este sentimiento hasta que se vuelva tu naturaleza. Podría tomar un momento o un año; depende enteramente de ti. En el momento en que todas las dudas se desvanezcan y sientas “YO SOY esto”, comienzas a llevar el fruto de la naturaleza de la cosa que te sientes ser. Cuando una persona compra un sombrero nuevo o un par de zapatos nuevos, cree que todos saben que son nuevos. Se siente antinatural con ellos puestos hasta que los lleva el tiempo suficiente para hacerlos naturales. Lo mismo se aplica al llevar puesto el nuevo estado de conciencia.

Cuando te haces la pregunta “¿Cómo me sentiría si mi deseo se realizara en este momento?”, la respuesta automática es tan nueva que sientes que no es tuya, que no es verdadera. Por lo tanto, al instante te quitas este nuevo estado de conciencia e inmediatamente regresas a tu problema porque es más natural. No sabiendo que la conciencia siempre se está representando hacia afuera en las condiciones a tu alrededor, tú, como la mujer de Lot, miras atrás a tu problema y una vez más quedas hipnotizado por su naturalidad.

¿No oyes las palabras de Jesús (la salvación)? “Deja todo y sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.” Tu problema podría tenerte tan hipnotizado por su aparente realidad y naturalidad que te resulte difícil llevar puesto el nuevo sentimiento, o conciencia de tu salvador; pero llevarlo debes si quieres tener resultados. La piedra (la conciencia) que los edificadores desecharon (no quisieron llevar puesta) es la principal piedra angular, y ningún hombre puede poner otro fundamento.

Todas las cosas expresan su naturaleza, así que debes llevar puesto este sentimiento hasta que se vuelva tu naturaleza.

Capítulo Cuatro: LA IM-PRESIÓN

Toda impresión debe volverse la afirmación de aquello que ha de ser. Decir que seré grande o que seré libre es una confesión de que no soy grande y no soy libre. Verte a ti mismo como volviéndote algo es saber que YO SOY no es esa cosa. Ser impreso es ser im-preso, primera persona, tiempo presente. Todas las expresiones son el resultado de las im-presiones. Solo en la medida en que pueda reclamarme ser aquello que deseo ser expresaré tales reclamos. Que todos tus deseos sean impresiones de aquello que es, no de aquello que ha de ser. Pues YO SOY (tu conciencia) es Dios, y Dios es la plenitud de todo, el Eterno AHORA, YO SOY.

Las señales siguen, no preceden. Nunca verás las señales de aquello que es. No tomes pensamiento del mañana, pues tus mañanas son las expresiones de las impresiones de hoy. “Ahora es el tiempo aceptable. El Reino de los Cielos está cerca.” Jesús (la salvación) dijo: “YO SOY con vosotros siempre.” Tu conciencia es el salvador que está contigo siempre. Pero, si lo niegas, él también te negará a ti. Lo niegas al reclamar que aparecerá, como millones hacen hoy cuando reclaman que la salvación ha de venir, reclamo que equivale a decir: “No estamos salvados.” Debes dejar de buscar que tu salvador aparezca y reclamar que estás salvado ahora, y las señales de tus reclamos seguirán.

Cuando se preguntó a la viuda qué tenía en su casa, hubo reconocimiento de sustancia, Ahora, en su reclamo de tres gotas de aceite, no de medidas vacías. Tres gotas se vuelven un chorro si se reclaman. Pues tu conciencia magnifica todo aquello de lo que es consciente de ser. Reclamar que tendré aceite (gozo) es confesar que tengo medidas vacías, conciencia de carencia que producirá carencia. Dios, tu conciencia, no hace acepción de personas, y solo puede expresar aquello con lo que es impreso.

Cada deseo tuyo está determinado por tu necesidad. Los deseos son automáticos. Sabiendo que eres consciente del deseo y que tu conciencia es Dios, deberías mirar cada deseo como las palabras habladas de Dios, diciéndote de aquello que es. “Apártate del ver del hombre, cuyo aliento está en su nariz”, pues él ve su deseo como aquello que no es. Siempre seremos aquello que somos (conscientes de ser), así que nunca más reclames “Seré eso”. Que todo reclamo de ahora en adelante sea: “YO SOY EL QUE SOY.”

“Antes de que pidan, he respondido.” Antes de que tengas tiempo de pensar, la solución de tu problema te fue dada en la forma de tu deseo. El ciego, el cojo, el paralítico, todos automáticamente desean la libertad de la limitación. El hombre está tan formado en la creencia de que sus deseos son cosas por las que luchar, que él, en su ignorancia, niega a su salvador, que está constantemente llamando a la puerta de la conciencia (YO SOY la Puerta) para que lo dejen entrar.

¿No te salvaría tu deseo, si se realizara, de tu problema? Dejar entrar a tu salvador es la cosa más fácil del mundo. Las cosas deben ser, para ser dejadas entrar. Eres consciente de un deseo; por lo tanto, el deseo es algo de lo que eres consciente ahora. Tu deseo, aunque invisible, debe ser afirmado por ti como algo que es real. “Dios llama las cosas que no son (que no se ven) como si fuesen.” El reclamo YO SOY Él (la cosa deseada) es dejar entrar a tu salvador.

Cada deseo es el llamado del salvador a la puerta. Este llamado lo oye todo hombre. El hombre abre la puerta para que entre cuando reclama: YO SOY Él. Procura dejar entrar a tu salvador, dejando que la cosa deseada se presione sobre ti, hasta que estés im-preso con la Actualidad de tu salvador, y pronuncies el grito de Victoria: “Consumado es.”

Cada deseo es el llamado del salvador a la puerta.

Capítulo Cinco: EL QUE TIENE

“Porque al que tiene, se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.” Aunque muchos miran esta afirmación como el más cruel e injusto de los dichos atribuidos a Jesús, creando, como lo ha hecho en todo el mundo, los muchos comentarios populares, como que el rico se hace más rico y el pobre tiene hijos, que el que tiene recibe, etc., sigue siendo una ley justísima y misericordiosísima basada en un principio inmutable.

Dios no hace acepción de personas. Dios, como hemos descubierto, es aquella conciencia incondicionada que da a todos y cada uno aquello de lo que son conscientes de ser. Ser consciente de ser o tener cualquier cosa es ser o tener aquello de lo que eres consciente de ser. Sobre este principio inmutable descansan todas las cosas. Es imposible que algo sea distinto de aquello de lo que es consciente de ser. “Al que tiene (aquello de lo que es consciente de ser) se le dará”, bueno, malo o indiferente.

No importa de qué seas consciente de ser, recibirás, apretado, remecido y rebosando, todo aquello de lo que eres consciente de ser. En consonancia con esta misma ley inmutable, “Al que no tiene, se le quitará y se añadirá al que tiene.” Así que el rico sí se hace más rico, y el pobre más pobre. Sí, el que tiene recibe.

No puedes expresar aquello de lo que no eres consciente de ser. No puedes servir a dos señores. Tu señor es siempre aquel estado de conciencia con el que estás identificado. Por lo tanto, aquello que no está en la conciencia le es quitado (porque nunca fue parte de ella) y añadido a aquella conciencia de la que es consciente. Todas las cosas gravitan hacia aquella conciencia con la que están en sintonía y, asimismo, todas las cosas se desenredan de aquella conciencia con la que no están en sintonía.

Así que, en lugar de unirte al coro de los que no tienen, que insisten en destruir a los que tienen, reconoce esta ley inmutable de la expresión y reclámate conscientemente ser aquello que has decidido ser. Después de tomada tu decisión y establecido tu reclamo consciente, continúa en tu confianza hasta recibir tu recompensa. Pues, como el día sigue a la noche, recibirás aquello que has reclamado conscientemente para ti.

Así, lo que para el mundo ortodoxo dormido es una ley cruel e injusta se vuelve, para el iluminado, la afirmación de verdad más misericordiosa y justa. “No he venido a destruir, sino a cumplir.” Sabiendo que Dios no destruye nada, procura ser eso; reclámate ser aquello que quieres que él llene por completo. Nada se destruye. Todo se cumple.

Todas las cosas gravitan hacia aquella conciencia con la que están en sintonía.

Capítulo Seis: LA CIRCUNCISIÓN

La circuncisión es la operación que remueve el velo que oculta la cabeza de la creación. El acto físico nada tiene que ver con el acto espiritual. El mundo entero podría estar físicamente circuncidado y, sin embargo, permanecer inmundo y como ciegos guías de ciegos. Los espiritualmente circuncidados han tenido el velo de la oscuridad removido y se conocen a sí mismos como Cristo, la luz del Mundo.

Permíteme ahora realizar la operación espiritual en ti, lector. Este acto se realiza al octavo día después del nacimiento. Ocho, porque ocho es la cifra que no tiene ni principio ni fin. Además, los antiguos simbolizaban el octavo numeral como un recinto o velo, dentro y detrás del cual yacía sepultado el misterio de la creación. Así, el secreto de la operación al octavo día concuerda con la naturaleza del acto, acto que consiste en revelar la eterna cabeza de la creación; ese algo inmutable en el que todas las cosas comienzan y terminan, y que permanece como su yo eterno cuando todas las cosas dejan de ser.

Este misterioso algo es tu conciencia de ser. En este momento eres consciente de ser, pero eres consciente de ser alguien. Este alguien es el velo que oculta el ser que realmente eres. Eres primero consciente de ser, luego eres consciente de ser hombre. Después de que el velo del hombre se coloca sobre tu yo sin rostro, te vuelves consciente de ser miembro de cierta raza, nación, familia, credo, etc. El velo que ha de levantarse en la circuncisión espiritual es el velo del hombre, pero antes de que esto pueda hacerse, debes cortar las adherencias de raza, nación, familia, etc.

“En Cristo no hay ni griego ni judío, ni esclavo ni libre, ni varón ni mujer.” Debes dejar padre, madre, hermano, y seguirme. Para lograr esto debes dejar de identificarte con estas divisiones, volviéndote indiferente a tales reclamos. La indiferencia es el cuchillo que corta. El sentimiento es el lazo que ata. Cuando puedas mirar al hombre como una gran hermandad sin distinción de raza, credo o color, entonces sabrás que has cortado estas adherencias. Cortados estos lazos, todo lo que ahora te separa de tu verdadero ser es tu creencia de que eres hombre.

Para remover este último velo, debes soltar tu concepción de ti mismo como hombre, conociéndote simplemente como ser. En lugar de la conciencia de “YO SOY Hombre”, haya solo “YO SOY”, conciencia sin rostro, sin forma. Entonces, desvelado y despierto, declararás y sabrás que YO SOY es Dios, y fuera de mí, esta conciencia, no hay Dios. Este misterio se cuenta en la historia bíblica de Jesús lavando los pies de sus discípulos. Se registra que Jesús se quitó sus vestiduras, tomó una toalla y se ciñó.

Luego, después de lavar los pies de sus discípulos, los secó con la toalla con que estaba ceñido. Pedro protestó y se le dijo que, a menos que sus pies fueran lavados, no tendría parte con Jesús. Pedro respondió: “Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza.” Jesús respondió y dijo: “El que está lavado no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio.”

El sentido común diría al lector que un hombre no está limpio por completo solo porque sus pies estén lavados. Así que debería descartar esta historia o buscar su significado oculto. Toda historia de la Biblia es un drama psicológico que tiene lugar en la conciencia del hombre, y esta no es una excepción.

Este lavado de los pies de los discípulos es la mística historia de la circuncisión espiritual, o la revelación de los secretos del Señor.

Jesús es llamado el Señor. Se te dice que el nombre del Señor es YO SOY, Je Suis. “YO SOY el Señor; ese es mi nombre”, Isaías 42:8. Jesús está ceñido con una toalla; por lo tanto, sus secretos están ocultos. Jesús o Señor simboliza tu conciencia de ser, cuyos secretos están ocultos por la toalla (la conciencia del hombre). El pie simboliza la comprensión (Andad en sus pasos, en su comprensión), que debe ser lavada por el Señor, la conciencia, de todas las creencias o concepciones humanas de sí misma. A medida que la toalla se remueve para secar los pies, los secretos del Señor son revelados.

En resumen, el remover la creencia de que eres hombre revela tu conciencia como la cabeza de la creación. El hombre es el prepucio que oculta la cabeza de la creación. YO SOY el Señor, oculto por el velo del hombre.

YO SOY el Señor, oculto por el velo del hombre.

Capítulo Siete: CRUCIFIXIÓN Y RESURRECCIÓN

Los acontecimientos de la crucifixión y la resurrección están tan entrelazados que deben explicarse juntos, pues uno determina al otro. Este misterio se simboliza en la tierra en los rituales del Viernes Santo y la Pascua. Has observado que estos días no son fijos, sino que cambian de año en año. Caen en cualquier punto entre la última semana de marzo y la última semana de abril. El día se determina de esta manera. El primer domingo después de la luna llena en Aries se celebra como Pascua. Aries comienza el 21 de marzo y marca el comienzo de la primavera. Esta fecha movible debería decir al observador que busque alguna interpretación distinta de la que se le ha dado.

Visto desde la tierra, el Sol, en su paso hacia el norte, parece cruzar, en la estación primaveral del año, la línea imaginaria que el hombre llama el ecuador. Así dice el místico que es atravesado o crucificado para que el hombre viva. Notaron que poco después de que ocurría este suceso, toda la naturaleza empezaba a levantarse o resucitar de su largo sueño invernal; por lo tanto, concluyeron que esta agitación de la naturaleza en esta estación del año se debía directamente a este cruce.

Así, creyeron que el Hijo debía haber derramado su sangre en la pascua. Si estas fechas marcaran la muerte y resurrección de Jesús, serían fijas como todos los demás sucesos históricos, pero este no es el caso. Sin embargo, estas fechas sí simbolizan la muerte y resurrección del Señor, pero este Señor es tu conciencia de ser. Se registra que él dio su vida para que tú vivieras: “YO SOY venido para que tengáis vida, y para que la tengáis en abundancia.”

Como la primavera es la época del año en que los millones de semillas que todo el invierno yacieron sepultadas en la tierra de pronto saltan a la visibilidad para que el hombre viva, y como el drama místico de la crucifixión y la resurrección es de la naturaleza de este cambio anual, se celebra en esta estación primaveral del año; pero en realidad está teniendo lugar en cada momento del tiempo. El ser que es crucificado es nuestra conciencia de ser.

La cruz es tu concepción de ti mismo. La resurrección es el levantamiento a la visibilidad de esta concepción de ti mismo. Lejos de ser un día de duelo, el Viernes Santo debería ser un día de regocijo, pues no puede haber resurrección sin una crucifixión. Lo que ha de resucitar en tu caso es aquello que deseas ser. Para hacer esto, debes sentirte ser la cosa deseada. Debes sentir YO SOY eso, pues YO SOY la resurrección y la vida. Sí, YO SOY (tu conciencia de ser) es el poder que resucita y da vida a aquello de lo que eres consciente de ser.

Dos se pondrán de acuerdo en cuanto a cualquier cosa, y yo lo estableceré en la tierra. Los dos que se ponen de acuerdo eres tú (tu conciencia) y la cosa deseada (aquello que has decidido ser, al volverte consciente de ello). Cuando se alcanza este acuerdo, la crucifixión se completa. Dos se han cruzado o atravesado el uno al otro. YO SOY y eso (la cosa deseada) se han unido. YO SOY ahora clavado sobre la forma de eso.

El clavo que te sujeta a la cruz es el clavo del sentimiento. El matrimonio místico está ahora consumado, y el resultado será el nacimiento de un niño o la resurrección de un hijo que da testimonio de su Padre.

La conciencia está desposada con aquello de lo que es consciente de ser. El mundo de la expresión es el niño que confirma esta unión. El día en que dejes de ser consciente de ser aquello de lo que ahora eres consciente de ser, ese día tu niño o expresión morirá y regresará al seno de su padre, la conciencia sin rostro y sin forma. Todas las expresiones son el resultado de tales matrimonios místicos. Así que los sacerdotes tienen razón cuando dicen que todos los verdaderos matrimonios se hacen en el Cielo y solo pueden disolverse en el Cielo.

Pero permíteme aclarar esta afirmación diciéndote que el Cielo no es un lugar; es un estado de conciencia. El Reino de los Cielos está dentro de ti. En el Cielo (la conciencia) Dios es tocado por aquello de lo que es consciente de ser. “¿Quién me ha tocado? Pues yo percibo que ha salido virtud de mí.” En el momento en que este tocar (sentir) tiene lugar, hay una descendencia o un salir-de-mí a la visibilidad.

El día en que el hombre siente YO SOY libre, YO SOY rico, YO SOY fuerte, Dios (YO SOY) es tocado por estas cualidades o virtudes, y los resultados de tal tocar se verán en el nacimiento o resurrección de las cualidades sentidas. Pues el hombre debe tener confirmación visible de todo aquello de lo que es consciente de ser. Ahora sabrás por qué el hombre o la manifestación siempre se hace a la imagen de Dios.

Tu conciencia imagina y representa hacia afuera todo aquello de lo que eres consciente de ser. “YO SOY el Señor, y fuera de Mí no hay otro Dios.” ¡YO SOY la resurrección y la Vida!

El clavo que te sujeta a la cruz es el clavo del sentimiento.

Capítulo Ocho: NINGÚN OTRO DIOS

“No tendrás otro Dios fuera de mí.” Mientras el hombre albergue la creencia en poderes aparte de sí mismo, se robará a sí mismo el ser que es. Toda creencia en poderes aparte de ti, ya sea para bien o para mal, se convertirá en el molde de las imágenes talladas que adorarás.

La creencia en la potencia de las drogas para sanar, de las dietas para fortalecer, del dinero para asegurar, son los valores o cambistas que deben ser arrojados del Templo. “Vosotros sois el Templo del Dios viviente”, un Templo hecho sin manos. Está escrito: “Mi casa será llamada por todas las naciones casa de oración, mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.”

Tus creencias en la potencia de las cosas son los ladrones que te roban. Solo hay un poder, un Salvador: YO SOY Él. Es tu creencia en la cosa, y no la cosa misma, lo que te ayuda. Por lo tanto, deja de transferir el poder que eres a las cosas a tu alrededor. Reclámate ser el poder que en tu ignorancia has dado a otro.

Es más fácil para un camello, cargado como está con los llamados tesoros de la vida, pasar por el ojo de una aguja (una pequeña puerta en las murallas de Jerusalén, llamada así por su estrechez) que para un rico (el hombre obstinado, lleno de sus valores humanos) entrar en el Reino de los Cielos. El hombre está tan lleno de valores humanos (riquezas) en cuanto a la razón de las cosas, que no puede, a través de un velo tan oscuro como la sabiduría del hombre, ver que la única razón o valor de cualquier cosa es que todas las cosas están expresando perfectamente aquello de lo que son conscientes de ser.

Cuando el hombre se da cuenta de que la conciencia de una cualidad expresa esa cualidad sin la ayuda de ninguna otra cosa, se volverá el hombre pobre, el hombre necio, que no tiene otra razón de que algo suceda que la de que aquello que sucede está expresando perfectamente aquello de lo que es consciente de ser. Tal hombre ha arrojado a los cambistas o muchos valores y ha establecido ahora un solo valor: la conciencia.

El Señor está en su santo templo. La conciencia habita dentro de aquello de lo que es consciente de ser. YO SOY hombre es el Señor y su Templo. Sabiendo que la conciencia de riqueza produce riqueza, como la conciencia de pobreza produce pobreza, perdona a todos los hombres por ser lo que son. Pues todos están expresando (sin la ayuda de otro) aquello de lo que son conscientes de ser. Sabe que un cambio de conciencia producirá un cambio de expresión, así que, en lugar de compadecerse de los mendigos de la vida a la puerta del templo, declara: “No tengo plata ni oro (para ti), pero lo que tengo (la conciencia de la libertad) te doy.”

Aviva el don que está en ti. Deja de mendigar y reclámate ser aquello que mendigabas. Haz esto y tú también saltarás de tu mundo tullido al mundo de la libertad, cantando alabanzas al Señor, YO SOY. “Mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo.” Este es el clamor de todo aquel que halla que su conciencia de ser es Dios.

Tu reconocimiento de este hecho limpiará automáticamente el templo de los ladrones y salteadores, y te restaurará aquel dominio sobre las cosas que perdiste en el momento en que olvidaste el mandato: “¡No tendrás otro Dios fuera de mí!”

Es tu creencia en la cosa, y no la cosa misma, lo que te ayuda.

Capítulo Nueve: HÁGASE TU VOLUNTAD

“No se haga mi voluntad, sino la tuya.” Esta resignación no es la de un fatalismo ciego, sino la realización iluminada de que “Yo nada puedo hacer por mí mismo; el Padre que está en mí, él hace la obra.” Cuando el hombre quiere por su voluntad, intenta hacer que algo aparezca en el tiempo y el espacio que él sabe que ahora no existe. No es consciente de lo que en realidad está haciendo. Pero lo que en realidad hace es esto: declara conscientemente: No poseo ahora las capacidades para expresarlo, pero adquiriré estas capacidades con el tiempo. En resumen: YO no SOY, pero seré.

El hombre no se da cuenta de que la conciencia es el Padre que hace la obra, así que intenta expresar aquello de lo que no es consciente de ser. Tales luchas están condenadas a la decepción, pues solo el presente se expresa a sí mismo. A menos que sea consciente de ser aquello que busco, no lo hallaré. Dios (tu conciencia) es la sustancia y plenitud de todo. La voluntad de Dios es el reconocimiento de aquello que es, no de aquello que será.

En lugar de ver este dicho como “Tu voluntad será hecha”, velo como “Tu voluntad, hecha está.” Las obras están terminadas. El principio por el cual todas las cosas se hacen visibles es eterno. Aunque “Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni han subido al corazón del hombre las cosas que Dios ha preparado para los que aman la ley.” Cuando un escultor mira un trozo informe de mármol, ve, sepultada dentro de su yo informe, su obra de arte terminada. Así, el escultor, en lugar de hacer su obra maestra, simplemente la revela, removiendo aquella parte del mármol que oculta su concepción.

Lo mismo se aplica a ti. En tu conciencia sin forma, YO SOY, yace sepultado todo aquello que jamás te concebirás ser. El reconocimiento de esta verdad te transformará de un obrero no diestro, que trata de hacer que algo sea, en un gran artista que reconoce que ya es.

Tu reclamo de que ahora eres aquello que quieres ser removerá el velo de la oscuridad humana con su “seré” y revelará tu perfecto reclamo: YO SOY eso. La voluntad de Dios se expresó en las palabras de la viuda: “Bien está.” La voluntad del hombre habría sido: “Estará bien.” Decir “Estaré bien” es decir “Estoy enfermo.” Dios, el Eterno ahora, no es burlado por palabras o vanas repeticiones. Dios continuamente personifica aquello que es.

Así, la resignación de Jesús (que se hizo Igual a Dios) fue apartarse del reconocimiento de la carencia (que el futuro indica con “seré”) al reconocimiento de la provisión, reclamando: YO SOY eso.

Ahora verás la sabiduría en las palabras del profeta cuando afirmó: “Diga el débil: fuerte soy.” Joel 3:10. El hombre, en su ceguera, no atenderá el consejo del profeta, así que continúa reclamándose débil, pobre, miserable y todas las demás expresiones indeseables de las que trata de liberarse, reclamando ignorantemente que será libre de ellas.

Solo hay una puerta por la cual aquello que buscas puede entrar en tu mundo. Cuando dices “YO SOY”, declaras que eres, primera persona, tiempo presente. De nuevo, saber que YO SOY es ser consciente de ser; la conciencia es la única puerta. Por lo tanto, a menos que seas consciente de ser aquello que buscas, buscas en vano. Si juzgas según las apariencias, continuarás esclavizado por la evidencia de tus sentidos. Para romper este hechizo hipnótico de los sentidos, se te dice: “Ve dentro y cierra la puerta.”

La puerta de los sentidos debe cerrarse herméticamente antes de que tu nuevo reclamo pueda ser honrado. Cerrar la puerta de los sentidos no es tan difícil como parece al principio. Se hace sin esfuerzo. Es imposible servir a dos señores al mismo tiempo. El señor a quien el hombre sirve es aquello de lo que es consciente de ser. Soy Señor y Maestro de aquello de lo que soy consciente de ser.

No me cuesta esfuerzo conjurar pobreza si soy consciente de ser pobre. Mi siervo, la pobreza, está obligado a seguirme (conciencia de pobreza) mientras YO SOY (el Señor) consciente de ser pobre. En lugar de luchar contra la evidencia de los sentidos, simplemente reclámate ser aquello que deseas ser. A medida que tu atención se posa en este reclamo, la puerta de los sentidos se cierra automáticamente contra tu antiguo señor, aquello de lo que eras consciente de ser.

Cuando te pierdes en el sentimiento de ser esto que ahora reclamas como verdadero de ti mismo, las puertas se abren una vez más (pero, como has descubierto, permiten entrar solo el presente, aquello de lo que ahora soy consciente de ser), y contemplas tu mundo expresando aquello de lo que eres consciente de ser. Por lo tanto, sigamos el ejemplo de Jesús, quien, comprendiendo que como hombre nada podía hacer para cambiar su presente cuadro de carencia, cerró la puerta de sus sentidos y fue a su Padre, para quien todas las cosas son posibles.

Habiendo negado la evidencia de sus sentidos, reclamó ser aquello que, un momento antes, sus sentidos le decían que no era. Sabiendo que la conciencia expresa su semejanza en la tierra, permaneció en la conciencia reclamada hasta que las puertas (sus sentidos) se abrieron y confirmaron el Señorío del Señor. Recuerda, YO SOY es Señor de todo. Nunca más uses la voluntad del hombre que reclama “seré”. Sé tan resignado como Jesús, y reclama: YO SOY eso.

Nunca más uses la voluntad del hombre que reclama "seré". Reclama "YO SOY eso".

Capítulo Diez: SED OÍDOS QUE OIGAN

“Que estas palabras penetren en vuestros oídos, porque el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres.” No seáis como aquellos que tienen ojos y no ven, y oídos y no oyen. Que estas revelaciones penetren hondo en vuestros oídos. Pues después de que el hijo (la idea) se hace manifiesto, el hombre con sus falsos valores (la razón) intentará explicar el porqué y el cómo de la expresión del hijo, y al hacerlo, lo desgarrará en pedazos. Después de que los hombres han acordado que cierta cosa es imposible de hacer, que alguien logre la cosa imposible, y todos, incluyendo a los sabios que dijeron que no podía hacerse, comenzarán a decirte por qué sucedió. Después de que terminen de desgarrar la túnica sin costura (la causa de la manifestación), estarán tan lejos de la verdad como lo estaban cuando la proclamaron imposible.

Mientras el hombre busque la causa de la expresión en lugares distintos del que la expresa, busca en vano. Durante miles de años se ha dicho al hombre: “YO SOY la vida y la luz del mundo.” “Ninguna manifestación viene a mí si yo no la traigo.”

Pero el hombre no lo cree; prefiere creer en causas fuera de sí mismo. En el momento en que aquello que no se veía se vuelve visto, el hombre está listo para explicar la causa y propósito de su aparición. Así, el Hijo del Hombre (las ideas de manifestación) es constantemente destruido por las manos (la explicación razonable o la sabiduría) del hombre. Ahora que tu conciencia se te revela como la causa de toda expresión, no regreses a la oscuridad de Egipto con sus muchos Dioses.

No hay sino un Dios. El único Dios es tu conciencia. “Y todos los habitantes de la tierra son considerados como nada. Y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y entre los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, o le diga: ¿Qué haces?” Si el mundo entero acordara que una cosa no puede hacerse, y tú te volvieras consciente de ser aquello que ellos habían acordado que no podía expresarse, lo expresarías. Tu conciencia nunca pide permiso para expresar aquello de lo que eres consciente de ser. Lo hace naturalmente y sin esfuerzo, a pesar de la sabiduría del hombre y de la oposición de los ejércitos del cielo y de la tierra.

“A nadie saludéis por el camino” no es un mandato de ser insolente o poco amistoso, sino un recordatorio de no reconocer a un superior, ni de ver en nadie una barrera para tu expresión. Pues nadie puede detener tu mano ni cuestionar tu capacidad de expresar aquello de lo que eres consciente de ser. No juzgues según las apariencias de una cosa, pues todos son como nada a los ojos de Dios. Cuando los discípulos, por su juicio de las apariencias, vieron al niño insano, pensaron que era un problema más difícil de resolver que otros que habían visto, y así fracasaron en lograr una cura.

Al juzgar según las apariencias, olvidaron que todas las cosas son posibles para Dios. Hipnotizados como estaban por la realidad de las apariencias, no podían sentir la naturalidad de la cordura. La única manera de evitar tales fracasos es tener constantemente presente que tu conciencia es la Todopoderosa, la presencia omnisciente que, sin ayuda, representa hacia afuera sin esfuerzo aquello de lo que eres consciente de ser. Sé perfectamente indiferente a la evidencia de los sentidos, para que puedas sentir la naturalidad de tu deseo, y tu deseo se realizará.

Apártate de las apariencias y siente la naturalidad de la cordura perfecta, y la cordura se encarnará. Tu deseo es la solución de tu problema. A medida que el deseo se realiza, el problema se disuelve. Tus deseos son las realidades invisibles que responden solo a los mandatos de Dios. Dios manda a lo invisible aparecer reclamándose ser la cosa comandada. “Se hizo igual a Dios, y no tuvo por usurpación hacer las obras de Dios.” Ahora, “que esta palabra penetre hondo en tu oído”: SÉ CONSCIENTE DE SER AQUELLO QUE QUIERES QUE APAREZCA.

Sé consciente de ser aquello que quieres que aparezca.

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